Te proponemos un recorrido de tres días, que tú podrás adaptar según sea tu estancia en Londres. Las visitas que te sugerimos son en su mayoría gratuitas o de bajo precio, para que tu estancia en la ciudad no se te suba a las nubes.

Primer día

Sin ir más lejos nuestro recorrido puede comenzar en Picadilly Circus, cuyos míticos anuncios de neón se han convertido en uno de los símbolos de la ciudad. En la misma plaza comienza la populosa calle del mismo nombre, Picadilly Street, donde además de horribles tiendas de artículos turísticos, por fortuna encontramos cosas más interesantes que ver, ya que, allí se encuentra el Museum of Mankind (museo de la humanidad), que es la sección etnográfica del museo Británico.

Algo más adelante, a nuestra izquierda, encontramos el Hotel Ritz, en cuya esquina se encuentra un incomprensiblemente famoso puesto de perritos calientes, que nos deja justo en la misma entrada de Green Park.

Buckingham Palace

Bajamos por Green Park, cruzamos Constitution Hill y llegamos a Buckingham Palace, más conocido por el famoso cambio de la Guardia que por el hecho de ser la residencia de la Reina británica.

Terminada la real visita, nos adentramos en el elegantísimo paseo The Mall, que va a desembocar en Trafalgar Square, nombre que rememora la legendaria victoria naval inglesa sobre una flota franco-española en 1805. Esta fue una de las pocas derrotas de Napoleón(que pocos días más tarde compensaría en Austerlizt) y una más en la larga lista de la sufrida armada española. Justo en el centro se encuentra la estatua del comandante Nelson, el tullido y manco almirante inglés que, teniendo el pobre ya poco que perder, perdió heroicamente su vida en el mismo escenario del combate.

Presidiendo la plaza se encuentra la National Gallery, de entrada gratuita, el principal museo de arte londinense y uno de los mejores del mundo en el que destacan obras de Giotto, Leonardo, Velázquez, Turner Renoir o Picasso.

Segundo día

Después de desayunar, comenzamos el recorrido en el mismo sitio donde terminamos el día anterior, en Trafalgar Square. Desde allí bajamos por el White Hall hacia la Abadía de Westminster aunque hay que hacer antes algunas paradas en el camino. La primera de todas es Downing Street, residencia oficial del primer ministro británico desde 1732. Allí no hay mucho que ver por lo que, después de hacernos la foto con el simpático Tony Blair, seguimos bajando hasta la plaza Parliament Square, en torno a la cual se encuentra el Parlamento, las Cabinet War Rooms y la abadía de Westminster.

Dentro del edificio del parlamento se hallan la cámara de los Comunes y la de los Lores, pero lo más conocido del edificio no está dentro de él, sino fuera, y no es otra cosa que el Big Ben, el símbolo londinense por antonomasia que viene dando la lata con sus interminables y ruidosas campanadas desde el año 1859.

La abadía de Westminster ha sido, desde la coronación de Guillermo el Conquistador en el año 1066 hasta el entierro de Lady Di, el lugar elegido por los monarcas británicos para sus ceremonias nupciales, funerarias y demás guateques. La abadía, cuya administración depende directamente de la Corona , es un buen ejemplo del primer gótico inglés aunque después se le han ido añadiendo por aquí y por allá diversas aportaciones de diferentes estilos arquitectónicos.

Cabinet War Room (Clive Steps, King Charles St) es un bunker de oficinas, habitaciones y despachos donde se ponía a cubierto el consejo de ministros durante los bombardeos nazis en la segunda guerra mundial. Allí siguen los mismos mapas, teléfonos y demás artilugios que usaron Churchill y compañía durante los 5 años que duró el conflicto. La entrada para estudiantes cuesta 3.90 Libras, con carnet de estudiante internacional.

Si volvemos hasta Trafalgar Square y cogemos la calle Strand girando a la izquierda, llegamos a Covent Garden, una de las zonas más comerciales y bulliciosas de Londres.
Se trata de un histórico mercado que, después de mucho tiempo en estado de semirruina, ha asistido a una increíble revitalización en los últimos años. De hecho, la plaza se ve ahora rodeada de multitud de terrazas, tiendas, y decenas de bares que prolongan el ambiente hasta bien entrada la noche.

Tercer día

Dirigiéndonos hacia la City llegamos primero a la Catedral de San Pablo (Ludgate Hill) construida por Christopher Warren en grandilocuente estilo barroco, y cuya cúpula rivaliza en tamaño con la de San Pedro del Vaticano, ganándole esta ultima por la manga.

Torre de Londres

La Torre de Londres es una milenaria fortificación construida por Guillermo el Conquistador como protección defensiva contra inesperadas invasiones fluviales. Luego fue utilizada como mazmorra y desde la dinastía Tudor viene siendo custodiada por los famosos Beefeaters, guardianes en la actualidad de las Joyas de la Corona y demás bisutería real.

Muy cerca de la Torre se halla Tower Bridge, el que es, con toda seguridad, el puente más bonito y pintoresco de la ciudad, qué es, por lo menos, merecedor de un fotogénico salto en las cálidas y tropicales aguas del Thames.

Después de comer nos vamos hacia Hyde Park a ver los patitos del parque. Ya recuperados, tenemos varias opciones. La primera es quedarse por South Kensington y visitar cualquiera de los 3 museos del aristocrático barrio, el museo de Historia Natural, el museo de la Ciencia, o bien el Victoria and Albert Museum, gratis para estudiantes y menores de 18 años. Pero si vamos mal de tiempo, no podemos irnos de Londres sin haber visitado antes el British Museum, de entrada gratuita aunque hay que pagar por algunas de las exposiciones.

El museo Británico exhibe en sus salas un espectacular recorrido arqueológico fruto de las respetuosas adquisiciones arqueológicas del Imperio británico en Grecia, Egipto y la zona de Mesopotamia. El gobierno británico, tan suyo él, sigue considerando artísticamente más apropiado exhibir los frisos del Partenón en Londres que en el propio templo, criterio no del todo compartido por el sufrido pueblo griego, que tiene que peregrinar a Londres cada vez que quiere estudiar la historia de su propio país.